En principio casi ni parece una catedral: el frontal parece un templo griego, y la única torre que tiene, de planta circular, está separada del edificio principal. Hay que tener en cuenta que en Lituania no hay apenas piedras (si aparece una la ponen en un jardín para adornar), y los edificios suelen ser de ladrillo (las casas de los pueblos normalmente son de madera, y las más modernas están hechas de bloque de cemento). El interior está adornado con multitud de cuadros enormes, frescos y esculturas.
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Accessibility
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"Must See"-Factor
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Budget Friendliness
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Ambiance
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Architecture
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La primera vez que la vi no me llamó mucho la atención, porque tiene poco que ver con las catedrales románicas y góticas que tenemos en España, pero en sí misma merece una visita, no sólo por el edificio en sí sino por ver la enorme plaza donde se encuentra, que es el punto intermedio entre Gedimino Prospektas (la calle principal) y el casco antiguo. Además, no muy lejos de ahí se encuentra la iglesia de Santa Ana, mucho más pequeña (Napoleón dijo, cuando la vio, que se la quería llevar a París sobre la palma de su mano) pero, en mi opinión, más bonita que la catedral.