LURDITAS
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Valencia, Spain
Valldemossa es una pequeña población situada en la Sierra de Tramontana, rodeada de montañas y naturaleza.
La visita a esta población es casi obligada si visitas Mallorca, y a pesar de la masificación turística que podemos encontrar tanto en verano como en invierno, sigue manteniendo su encanto y su autenticidad.
Accessibility
70 out of 100
"Must See"-Factor
100 out of 100
Budget Friendliness
80 out of 100
Para disfrutar de Valldemossa hay que pasear por su centro histórico. Hay que pasear tranquilamente por sus calles, no tener prisa, respirar el aire puro de la sierra, esquivar un poco la aglomeración de turistas que realmente solo se concentra en dos o tres calles, y recordar que aunque algunos crean que este pueblo y sus alrededores son famosos en el mundo por haber sido residencia temporal de Chopin y George Sand, Jovellanos, Rubén Darío, el Archiduque Luis Salvador de Austria, o actualmente Michael Douglas, conviene recordar que es al revés, que la belleza y el clima de estos parajes es la que lleva siglos atrayendo a todo tipo de personajes hacia sí.
Valldemossa es una población ligada a La Cartuja, monasterio que data originalmente del siglo XIV. Alrededor del año 1300, el rey Jaume II se construyó un pequeño palacio que posteriormente regaló a su hijo el rey Sancho, y que a su vez al poco tiempo donó a los monjes cartujos para que se establecieran en él. Adosado al palacio, se alzó la Cartuja, conservándose hoy en día ambas construcciones, aunque con sucesivas reformas hechas en el transcurso de estos siglos.
Imprescindible visitar la Cartuja. Desde el exterior domina el campanario típico mallorquín, y la magnitud de su iglesia. El interior está perfectamente conservado, tanto la iglesia como las celdas, en dos de las cuales se mantienen el piano de Chopin y diversos objetos de su propiedad, recuerdo de su invierno en Mallorca. Destaca también la farmacia, con todos los utensilios y botes de hace más de doscientos años. Más que la parafernalia dedicada al recuerdo del músico, y que turísticamente es un buen reclamo, la visita resulta interesante por apreciar cómo eran estos monasterios expropiados en el siglo XIX, la mayoría de los cuales o no se conserva o ha quedado relegado a la sombra de lo que fueron.
Aledaño a la Cartuja se encuentra el palacio de Rey Sancho, mucho más sencillo.
Pero a mi lo que siempre me ha encantado de Valldemossa es pasear por sus calles y alrededores, alejándome de la cartuja y sus cientos de turistas.
Las casas de Valldemossa son las típicas de la isla, de piedra de marés, y ventanas mallorquinas. Muchas de ellas decoradas con piedrecitas intercaladas en la fachada, y junto a la puerta lucen siempre una azulejo decorado con escenas de la vida de Santa Catalina Thomás, la patrona, a veces iluminado por un pequeño farol.
Las calles están adoquinadas como antiguamente, y llenas de macetas tanto apoyadas en el suelo como colgadas en las fachadas de las casas. La circulación de vehículos en toda la parte antigua está restringida a los vecinos, y por la mayoría de las calles no caben los coches, por lo que la paz está asegurada. En cuanto nos alejamos de la multitud, enseguida se respira la tranquilidad de los pueblos de la Sierra, y es fácil despejarse de cualquier estrés diario que hayas traído contigo.
Realmente es un pueblo con encanto, que ha sabido conservar el estilo y el sabor de los lugares de hace siglos. Algunas de las casas mantienen en su fachada en año de su construcción, y en una de ellas se lee orgullosamente el año de 1698. También existe alguna fachada antigua rematada con símbolos masónicos, señal de que este pueblo lleva siglos siendo el retiro de artistas e ilustrados.
Y siguiendo con nuestra ruta por el pueblo, encontraremos la iglesia de San Bartolomé, originaria del siglo XIII aunque hoy en día lo que de verdad se aprecia es la reforma del siglo XVIII. No tiene gran cosa que ver en su interior, pero la silueta de esta iglesia, con su campanario también de estilo mallorquín es el que configura el perfil típico de Valldemossa, la imagen preciosa de la llegada desde Palma.
Otra cuestión indispensable: buscar una confitería y comprarse unas "cocas de patata". Son unos bollitos espolvoreados de azúcar, que están absolutamente deliciosos, para chuparse los dedos. Vale que la ensaimada mallorquina tiene toda la fama y realmente están buenas, pero el manjar divino de esta tierra en realidad son las cocas de patata de Valldemossa. Es tradición que el buen turista culmine la visita en una de las terrazas o cafeterías del lugar, degustando una taza de chocolate y unas cocas, pero no está de más que busquéis una confitería y os llevéis unas cuantas.
Espero que lo disfrutéis en alguna ocasión. Y se me olvidaba...cualquier época del año es buena para disfrutar de Valldemossa.