Restaurant/ InnsFuné > Review
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Los viajes todo incluido tienen el problema de que las comidas no son nada del otro mundo, y llega un momento que llegan a ser repetitivas, así que en nuestra última cena en Canadá decidimos desmarcarnos del grupo y buscar un restaurante japonés en la ciudad de Toronto, donde estábamos alojados. Tras consultar una guía de la ciudad nos fuimos a Funé, que era de los más cercanos a nuestro hotel, y en principio no tenía mala pinta según lo que explicaban en la guía.
Tras andar un poquito desde Dundas St. a donde estaba el restaurante, muy discreto y hasta soso exteriormente, entramos dentro y nos preguntaron si preferíamos barra o mesa. La barra, de forma circular, era recorrida por un pequeño río por el que se desplazaban unos barquitos que llevaban la comida, el cliente podía escoger el que quería y pagaba en función del color del plato. Como íbamos con ganas de probar cosas, nos sentamos en la barra, donde nos sirvieron un aperitivo y las bebidas y comenzamos a coger diferentes platitos, mientras, en el centro dos cocineros iban preparando raciones. La barra era de cristal e iluminada por debajo, así que la ambientación era bastante chula. Nos sorprendió agradablemente el ver que la mayoría de la clientela tenía rasgos asiáticos, buena señal en un restaurante japonés.
Fuimos cogiendo platitos, casi todos de makis y sushi. Los makis estaban muy elaborados, nada que ver con algunos running sushi españoles. Algunos de sus ingredientes, además del pescado fresco eran aguacate, cangrejo softcell, cangrejo normal, langostinos, gambas, huevas de salmón, etc., como podemos encontrar en los buenos restaurantes japoneses en nuestro país. El servicio se iba ocupando de que no se acumularan los platos vacíos, ya que la verdad, comimos bastante, tanto es así que esperábamos el gran palo cuando llegara la factura, pero no fue así, ya que escasamente salimos a 25 dólares canadienses por persona, unos 17 euros incluidas las bebidas, que en relación a todo lo que comimos y a su calidad no nos pareció un mal precio.
Así que después de esta grata experiencia, el Funé pasó a engrosar nuestra lista vip de restaurantes japoneses.
Tras andar un poquito desde Dundas St. a donde estaba el restaurante, muy discreto y hasta soso exteriormente, entramos dentro y nos preguntaron si preferíamos barra o mesa. La barra, de forma circular, era recorrida por un pequeño río por el que se desplazaban unos barquitos que llevaban la comida, el cliente podía escoger el que quería y pagaba en función del color del plato. Como íbamos con ganas de probar cosas, nos sentamos en la barra, donde nos sirvieron un aperitivo y las bebidas y comenzamos a coger diferentes platitos, mientras, en el centro dos cocineros iban preparando raciones. La barra era de cristal e iluminada por debajo, así que la ambientación era bastante chula. Nos sorprendió agradablemente el ver que la mayoría de la clientela tenía rasgos asiáticos, buena señal en un restaurante japonés.
Fuimos cogiendo platitos, casi todos de makis y sushi. Los makis estaban muy elaborados, nada que ver con algunos running sushi españoles. Algunos de sus ingredientes, además del pescado fresco eran aguacate, cangrejo softcell, cangrejo normal, langostinos, gambas, huevas de salmón, etc., como podemos encontrar en los buenos restaurantes japoneses en nuestro país. El servicio se iba ocupando de que no se acumularan los platos vacíos, ya que la verdad, comimos bastante, tanto es así que esperábamos el gran palo cuando llegara la factura, pero no fue así, ya que escasamente salimos a 25 dólares canadienses por persona, unos 17 euros incluidas las bebidas, que en relación a todo lo que comimos y a su calidad no nos pareció un mal precio.
Así que después de esta grata experiencia, el Funé pasó a engrosar nuestra lista vip de restaurantes japoneses.































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