Entrar a la catedral de Notre Dame es gozar y disfrutar en todo momento. La he visitado en tres ocasiones. La última vez fue el día de reyes. Fuimos por la mañana y lo primero que hicimos fue subir a las torre. El espectáculo desde arriba, como siempre, impresionante. Mostramos nuestro respeto a las gárgolas y bajamos, para entrar en la Catedral.
Yo esperaba como siempre, ver la catedral junto con un montón de turistas. La sorpresa fue que en ese momento empezaba una misa, pero no una cualquiera, sino una especial por la Epifanía. No soy amante de la religión, y mucho menos de la misa, pero una misa así en Notre Dame, no se ve todos los días. Así que nos pusimos en la fila de la misa, nos dieron el programa y nos sentamos cerca de las primeras filas.
La misa fue todo un espectáculo con obispo o cardenal (no se quien era) incluído, monaguillos, incienso, un coro, y lo más impresionante... el órgano de la Catedral. Escuchar ese sonido y esa música fue algo increíble.
Terminada la misa, dimos la vuelta de rigor a la Catedral y como siempre, quedé embelesado. Ese día había amanecido un poco protestón por ser reyes y no tener regalos, pero enseguida me arrepentí. Tuve uno de los mejores regalos.
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Accessibility
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"Must See"-Factor
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Budget Friendliness
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Ambiance
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Architecture