HotelGoldene Krone > Review
Your hotel?![]() |
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excellent
Antiguo por fuera, correcto por dentro
Adventure holiday
Breakfast only
Short trip (2-3 days)
Group
Este hotel fue el alojamiento que elegimos para una escapada de tres días a Innsbruck. Lo mejor sin duda es su ubicación, a pocos metros de lo que sería el casco histórico de la ciudad, justo al lado del arco del triunfo (Triumphpforte), y en plena calle de María Teresa (Maria-Theresien Strasse).
Otra ventaja, es su fácil localización desde la estación de tren (OBB), que era justo el medio por el que íbamos a llegar nosotros, aunque está a una distancia más o menos considerable el trayecto es totalmente aceptable si lleváis equipaje de poco peso.
Cuando lo tienes frente a ti llama la atención su fachada en color verde, y te invade la sensación de que no ha pasado el tiempo por él, vamos, por decirlo más claramente, piensas que tal vez no hayas acertado con la reserva, sin embargo, una vez dentro todo cambia y sería un hotel a recomendar a un buen precio para visitar Innsbruck.
En nuestro caso éramos tres personas, y lo cierto, es que tras casi estar acostumbradas a ir llegando a los hoteles y que en la mayoría nos pusieran una cama supletoria que siempre deja mucho que desear, fue toda una alegría encontrarnos con que en este hotel las habitaciones triples son precisamente triples, y no dobles con una mini-cama incorporada en medio del mobiliario.
Dicho esto, os podéis imaginar que la habitación era de grandes dimensiones, albergando tres camas de 90cm y con bastante espacio entre ellas, lo que siempre es de agradecer. Eso sí, una de las camas se encontraba justo bajo los grandes ventanales que había en la habitación y que daban a la famosa calle Maria-Theresien Strasse que os he nombrado antes, por lo que digamos que su posición era privilegiada frente a las otras dos.
El mobiliario que completaba la habitación pasaba por dos pequeñas mesitas de noche situadas entre las camas, un escritorio de tamaño medio, una silla, y un armario de un tamaño adecuado para nuestro pequeño equipaje (eran sólo tres días).
El cuarto de baño estaba situado a mano derecha tras entrar a la habitación, y consistía en un reducido espacio donde encontrábamos una ducha de 1mx1m, un lavabo con el típico armarito con espejo colocado en la pared encima del mismo, y el propio retrete. Eso sí, estaba todo pulcramente limpio y ordenado, y enchapado en un color azul oscuro que la verdad no reflejaba lo suficientemente bien la escasa luz del baño, vamos, para mi gusto algo sombrío, pero en todo caso correcto, mucho mejor que otros por los que ya habíamos pasado.
Deciros que las toallas en lugar de estar colocadas en el baño nos las encontramos separadas en las tres camas respectivamente, habiendo dejado una toalla de lavabo y una de ducha para cada una.
Respecto a ese detalle que tan poco nos suele gustar y es la moqueta en las habitaciones de los hoteles, sumar otro punto favorable para el Goldene Krone, puesto que en la habitación nos encontramos con parquet, y en los pasillos de las plantas aunque sí había moqueta, pudimos observar que estaban haciendo una completa remodelación del hotel, que también consistía en levantar dicha moqueta, lo que no os puedo decir es si han vuelto a colocar moqueta o simplemente algún tipo de alfombra, o han dejado el parquet desnudo.
Hablemos del desayuno. Suele ser común en esta zona que el desayuno esté incluido en el precio de la habitación, y aún más común que sea un desayuno pobre en variedad y por supuesto en cantidad y calidad. Bien, pues en este hotel y también contra toda esperanza nos encontramos con un desayuno más suculento de lo habitual, no es que se tratara de un desayuno espectacular pero había para elegir más variedad en cuanto a mortadela, salami, jamón york, etc.; huevos cocidos; tabla de quesos a seleccionar; mermelada, mantequilla, panecillos y croissants; y respecto a las bebidas, pues encontrábamos zumos (de polvos, claro), leche fría, café y varios tipos de té a elegir.
Y por último, comentaros que dado que Innsbruck es una ciudad con mucho ambiente universitario y que dispone de varios locales bastante buenos donde cenar, y tomar una buena cerveza a lo largo de la noche, este hotel se encuentra situado cerquísima de locales con muy buen ambiente (aunque podréis dormir tranquilamente durante la noche, ya que no se da la existencia de escándalos callejeros nocturnos), por lo que es un lugar recomendadísimo si vais tanto con intención de esquiar, como de conocer la ciudad y el ambiente nocturno, o simplemente acercaros a esta zona de Austria para disfrutar de la naturaleza.
Como conclusión deciros que la impresión que nos llevamos de este hotel fue muy buena y en una relación estupenda respecto al precio que pagamos por él, que aunque ya no lo recuerdo, sí que puedo aseguraros que fue barato, ya que nos movíamos siempre en buscar alojamientos lo más baratos posibles siempre dentro de unos límites de habitabilidad.
Para mí no hay duda, por su ubicación en la ciudad, y el estado de su infraestructura, y sobre todo tras haber pasado por allí, justo cuando lo estaban remodelando interiormente, si alguna vez vuelvo a Innsbruck intentaré alojarme en este hotel.
Otra ventaja, es su fácil localización desde la estación de tren (OBB), que era justo el medio por el que íbamos a llegar nosotros, aunque está a una distancia más o menos considerable el trayecto es totalmente aceptable si lleváis equipaje de poco peso.
Cuando lo tienes frente a ti llama la atención su fachada en color verde, y te invade la sensación de que no ha pasado el tiempo por él, vamos, por decirlo más claramente, piensas que tal vez no hayas acertado con la reserva, sin embargo, una vez dentro todo cambia y sería un hotel a recomendar a un buen precio para visitar Innsbruck.
En nuestro caso éramos tres personas, y lo cierto, es que tras casi estar acostumbradas a ir llegando a los hoteles y que en la mayoría nos pusieran una cama supletoria que siempre deja mucho que desear, fue toda una alegría encontrarnos con que en este hotel las habitaciones triples son precisamente triples, y no dobles con una mini-cama incorporada en medio del mobiliario.
Dicho esto, os podéis imaginar que la habitación era de grandes dimensiones, albergando tres camas de 90cm y con bastante espacio entre ellas, lo que siempre es de agradecer. Eso sí, una de las camas se encontraba justo bajo los grandes ventanales que había en la habitación y que daban a la famosa calle Maria-Theresien Strasse que os he nombrado antes, por lo que digamos que su posición era privilegiada frente a las otras dos.
El mobiliario que completaba la habitación pasaba por dos pequeñas mesitas de noche situadas entre las camas, un escritorio de tamaño medio, una silla, y un armario de un tamaño adecuado para nuestro pequeño equipaje (eran sólo tres días).
El cuarto de baño estaba situado a mano derecha tras entrar a la habitación, y consistía en un reducido espacio donde encontrábamos una ducha de 1mx1m, un lavabo con el típico armarito con espejo colocado en la pared encima del mismo, y el propio retrete. Eso sí, estaba todo pulcramente limpio y ordenado, y enchapado en un color azul oscuro que la verdad no reflejaba lo suficientemente bien la escasa luz del baño, vamos, para mi gusto algo sombrío, pero en todo caso correcto, mucho mejor que otros por los que ya habíamos pasado.
Deciros que las toallas en lugar de estar colocadas en el baño nos las encontramos separadas en las tres camas respectivamente, habiendo dejado una toalla de lavabo y una de ducha para cada una.
Respecto a ese detalle que tan poco nos suele gustar y es la moqueta en las habitaciones de los hoteles, sumar otro punto favorable para el Goldene Krone, puesto que en la habitación nos encontramos con parquet, y en los pasillos de las plantas aunque sí había moqueta, pudimos observar que estaban haciendo una completa remodelación del hotel, que también consistía en levantar dicha moqueta, lo que no os puedo decir es si han vuelto a colocar moqueta o simplemente algún tipo de alfombra, o han dejado el parquet desnudo.
Hablemos del desayuno. Suele ser común en esta zona que el desayuno esté incluido en el precio de la habitación, y aún más común que sea un desayuno pobre en variedad y por supuesto en cantidad y calidad. Bien, pues en este hotel y también contra toda esperanza nos encontramos con un desayuno más suculento de lo habitual, no es que se tratara de un desayuno espectacular pero había para elegir más variedad en cuanto a mortadela, salami, jamón york, etc.; huevos cocidos; tabla de quesos a seleccionar; mermelada, mantequilla, panecillos y croissants; y respecto a las bebidas, pues encontrábamos zumos (de polvos, claro), leche fría, café y varios tipos de té a elegir.
Y por último, comentaros que dado que Innsbruck es una ciudad con mucho ambiente universitario y que dispone de varios locales bastante buenos donde cenar, y tomar una buena cerveza a lo largo de la noche, este hotel se encuentra situado cerquísima de locales con muy buen ambiente (aunque podréis dormir tranquilamente durante la noche, ya que no se da la existencia de escándalos callejeros nocturnos), por lo que es un lugar recomendadísimo si vais tanto con intención de esquiar, como de conocer la ciudad y el ambiente nocturno, o simplemente acercaros a esta zona de Austria para disfrutar de la naturaleza.
Como conclusión deciros que la impresión que nos llevamos de este hotel fue muy buena y en una relación estupenda respecto al precio que pagamos por él, que aunque ya no lo recuerdo, sí que puedo aseguraros que fue barato, ya que nos movíamos siempre en buscar alojamientos lo más baratos posibles siempre dentro de unos límites de habitabilidad.
Para mí no hay duda, por su ubicación en la ciudad, y el estado de su infraestructura, y sobre todo tras haber pasado por allí, justo cuando lo estaban remodelando interiormente, si alguna vez vuelvo a Innsbruck intentaré alojarme en este hotel.































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