Detailed review by pipolibro
pipolibro
Buenos Aires , Argentina97%
Al igual que Holanda ganó tierras al mar, en Argentina se produjo el mismo fenómeno con tierras ganadas al Río de la Plata.
En los primeros, fruto de ardua planificación, y aquí, poco a poco el agua bajaba de nivel, los resíduos se acumulaban, la tierra se consolidaba alrededor del follaje salvaje, y algunos animales lo tomaron como su hogar, en medio de la total indiferencia municipal.
Pasaron los años, y un día nos encontramos que en Buenos Aires algún político vivillo, descubrió las ventajas del lugar, y la presentó como Reserva Ecológica. No se si estas cosas pasarán en el resto del mundo.
Y a partir de alli, se higienizó, se crearon circuitos de calle de tierra, y algunos para visitar con guías, entre el follaje y la vegetación cerrada. Para esta época cientos de especies pululaban por aquí. Y fue presentada a la sociedad como una atracción para los locales y turistas. Se lubricaron los mecanismos de publicidad, de atención pública ejemplar, y sistemas de seguridad y prevención, en lo que a deluncuencia, fuego y salud se refiere.
Corría a fines del 2003, verano en este hemisferio, y en un despejado y cálido día, comenzamos nuestro recorrido.
Valga decir que geográficamente conformado en apariencia de un 8 recostado, o el símbolo de infinito, con dos espejos de agua divididos por una franja de tierra, con un costado recostado en la ribera, y el otro limitando con el río. Al entrar nos proveyeron de mapas, hay asientos, miradores construidos en madera rústica y plantas y pájaros y peces por doquier. En general es muy apacible.
Mi esposa, mi nena de dos años y yo, emprendimos la caminata. Caminando despacio, disfrutando del silencio, increíble a menos de un kilómetro del microcentro de la ciudad, llegamos hasta el río, costa bastante abandonada, llena de grandes cascotes (piedras de cemento, hormigón) con aristas peligrosas.
Allí descansamos mirando a lontananza, algunos barcos petroleros en la distancia, veleros mas cerca, la música de las pequeñas olas y el regocijo de la chiquilla que corría a sus anchas.
Como tozudo que soy, en vez de consultar planos, al volver me perdí, y en vez de tomar el camino mas corto, terminamos recorriendo el circuito mas largo, y sí que era largo, al punto que con mi hija encima, en todas las posiciones posibles, y alentando a mi mujer, avistamos la entrada, pero llegamos mucho después.
Cansados como nunca, feliz por la experiencia, tuve que prometer a mi señora que la próxima visita la haríamos montados en bicicleta, única forma de convencerla a una vuelta que todavía no se produjo (los casados me comprenderán mejor).
Hoy mi nena tiene 6 años, y cuando le cuento la experiencia quiere volver, mas tenemos otro nene de 3, y creo que nos organizaremos mejor para un paseo que recomiendo a todos, con las previsiones del caso.
Reserva Ecológica de Buenos Aires9
Ratings
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Accessibility
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"Must See"-Factor
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Budget Friendliness
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Relaxation Value
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Uniqueness