Mi recuerdo más lejano de esta majestuosa estación de ferrocarril se remonta a principios de los años ochenta, cuando iba con mi abuelo a tomar los trenes que se dirigían a la costa del Maresme para ir a pescar. En aquellos tiempos los ferrocarriles de cercanías se tomaban en una zona de andenes a cielo descubierto desde donde se podía contemplar, hacia el norte, la gran cúpula metálica de la parte más vieja de la estación. Hoy en día ya no existe esa antigua área y todos los trenes se cogen en los andenes que hay debajo de la grandiosa marquesina de hierro colado.
La Estación de Francia es la más antigua de Barcelona y no hay que ser muy perspicaz para averiguar porque recibe ese nombre...Efectivamente, desde ahí siguen partiendo los mismos trenes que se dirigen al país galo al igual que lo hacían las antiguas locomotoras a vapor desde la inauguración de la estación en 1929.
Bajo mi punto de vista es la única estación de la RENFE que merece una visita ( al menos en Catalunya ), además como está situada en un área bastante interesante de cara al turista no hay que desviarse mucho de los circuitos convencionales. Lo primero que llama la atención es el precioso vestíbulo, es realmente magnífico. Decorado con mármoles y maderas finas, se extiende centenares de metros cuadrados a los pies del visitante, con una iluminación natural gracias a sus ventanales que le confiere una gran sensación de claridad y amplitud. El aspecto general no ha cambiado sustancialmente en los últimos ochenta años, incluso las taquillas siguen siendo las mismas, por lo que el ambiente añejo se palpa por doquier.
Si bien el vestíbulo es precioso, a mi lo que realmente me fascina son los andenes. Una vez pasamos las altas puertas marmóleas de acceso a las vías nos encontramos con un auténtico monumento a la industrialización. Decenas de vías se sitúan ante nosotros, con una característica muy peculiar: están curvadas, es la única estación que conozco cuyos andenes y vías tienen forma de semicircunferencia, siendo lo más característico de la estación.
Si miramos hacia arriba vemos lo más interesante a nivel arquitectónico. Se trata de la gigantesca marquesina metálica que recordará a más de uno a la arquitectura del hierro propia de finales del siglo XIX en Francia o Alemania. Se respira allí una atmosfera curiosa, algo no me cuadra, es una sensación deliciosa ver como los modernos trenes eléctricos y diesel parten o llegan a la estación venerable, algo me dice que no debe ser así, que allí lo adecuado sería el olor a grasas, aceites y humos de las locomotoras a vapor.
En otro orden de cosas, debo indicar que no suelo utilizar la Estació de França ya que normalmente utilizo Sants Estació o Plaça Catalunya, de hecho la mayoría de veces que he ido allí a sido gracias a los diversos eventos que se han celebrado en ella, como el Salón del Cómic de hace unos años.
Finalmente, y como persona interesada en la Historia, decir que la memoria de la ciudad de Barcelona está íntimamente ligada a esta estación ( y a la Estación del Norte, que ahora es de autobuses ). Desde éstas partían los soldados a las diversas guerras del pasado siglo, de aquí partieron los exiliados tras la derrota republicana de 1939 y aquí desembarcaron miles de inmigrantes de todas partes de España en los años 50 y 60. Yo mismo desciendo de una inmigrante andaluza que lo primero que vio de la Barcelona de 1961 fue esta bellísima estación.
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